Santa María Magdalena

De indudable valor social por ser la iglesia matriz de Arahal, los primeros datos de los que tenemos constancia datan del año 1609, Diego de Dueñas pintó y doró el retablo mayor por un importe de 30 ducados, siendo sustituido en 1699 por otro que se realizó, por 10.000 reales de vellón, obra del arquitecto sevillano José Guisado. Incluso se cuenta con libros de asiento parroquiales en los que se recogen obras realizadas y más datos de interés desde el año 1503.

Arruinada la antigua parroquia de traza mudéjar en 1755 por el terremoto de Lisboa, de la que restan su torre y su sagrario barrocos se acometió la construcción de uno de los templos más grandiosos de la provincia, asentando un nuevo estilo en la época como fue el Neoclásico. Entre los años 1785 y 1800 fue construida la nueva iglesia, debido a su financiación, fundación y patronazgo de Don Pedro de Alcántara y Téllez Girón, XI Duque de Osuna, encargando el diseño y trazas de su proyecto ideal de templo de 1776, al arquitecto navarro Lucas Cintora, nacido en Tudela en 1732, utilizando las más estrictas reglas de la proporcionalidad en el arte sacro, siendo en ocasiones relacionado con los maestros más grandes del Neoclásico.

El presbiterio posee una escultura de la Magdalena ejecutada por el valenciano Antonio Marzal en el año 1800, talla que se venera en el templo y del que parte su advocación, la cual se halla bajo el baldaquino de bóveda barroca con ráfagas doradas. A ambos lados del Altar, los escudos de los Téllez Girón y en el de la Epístola una leyenda explicativa sobre el patrocinio de D. Pedro Téllez acerca de la trasformación operada en el templo con fecha de inicio y de terminación, también ejecutada por Antonio Marzal, percibiendo por ambos trabajos 56.630 reales por el retablo y 4.506 reales y 2 maravedís por “los escudos de armas de mi casa” y otros “gastos extraordinarios de la construcción de esta obra y colocación de la imagen.

Es un edificio de ladrillo y mampostería, con tres naves, crucero y coro tras el presbiterio, en forma de ábside semicircular, de raíz palladiana. Se cierra con bóvedas vaídas, con lunetos en la nave central, y vaídas transversales en las laterales. El crucero se cubre con cúpula; el presbiterio en su primer tramo lo hace con bóveda de medio cañón y en el segundo con una de cuarto de esfera sostenida por columnas toscanas a modo de baldaquino, separando el espacio del presbiterio y el coro.

El buque de la iglesia se sostiene por medio de pilares cuadrangulares con pilastras toscanas adosadas sobre las que apoyan arcos de medio punto. La molduración interna y externa es neoclásica, con potentes entablamentos con frisos decorados con triglifos y metopas. La fachada principal posee una portada neoclásica de ladrillo enfoscado en forma de arco triunfal, que consta de dos cuerpos, con columnas y pilastras toscanas en el primero y jónicas en el segundo, rematándose con frontón partido. En la nave de la Epístola podemos encontrar un retablo de la Virgen del Rosario en madera, de dos cuerpos y tres calles del siglo XIX con imagen moderna de San José con vara, cesta y aureolas de plata. La del Niño está firmada por Gargallo.

Le siguen otros dos retablos: el primero compuesto por la imagen de gloria de la Virgen de Montemayor (Antiguo retablo ocupado por la Hermandad de la Veracruz), imagen de madera tallada y policromada por Luis Álvarez Duarte, bendecida en el año 2001, siendo sus padrinos el propio escultor y doña Eugenia Martínez de Irujo Fitz James Stuart, Duquesa de Montoro y el segundo compuestos por las imágenes de la Virgen de las Angustias y San Juan Evangelista, obras de Manuel Pineda Calderón, talladas en los años 1938 y 1943 respectivamente (Antiguo retablo ocupado por la imagen de San Pedro que fue destruida en los sucesos del año 1936). A los pies de la nave se encuentra la capilla sacramental, de 1766, obra arquitectónica del maestro alarife Pedro Álvarez, con retablo y decoración de la bóveda por Francisco Casaus, aunque de alzado más barroco, no disiente de los caracteres generales del resto del edificio. A los pies de la nave de la Epístola, de nave rectangular, con dos tramos, podemos encontrar las imágenes dedicadas al Corazón de Jesús de la primera mitad del Siglo XVIII y un retablo del Corazón de María de la misma fecha.

En la nave del Evangelio, la antigua capilla de bautismo podemos encontrar la imagen de gloria de Santa María Magdalena, obra de Hernández León en el año 2002. Le sigue un retablo de la Milagrosa en madera del Siglo XIX y pila de agua bendita del siglo XVIII. Le continúa un retablo de la talla que realiza cada Viernes Santo su estación de penitencia por las calles de Arahal, talla del Santísimo Cristo de la Esperanza, obra de Manuel Pineda Calderón de 1947, siendo intervenida en un proceso de restauración entre el 6 de Mayo de 2009 y el 28 de Enero del año 2010, labor encomendada al conservador restaurador Pedro E. Manzano Beltrán, técnico del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico (IAPH), ), el cual realizó una impecable labor sobre la talla, devolviendo a la misma todos los detalles originales. La acompaña en su retablo la imagen de la Magdalena al pie de la Cruz, imagen de autor desconocido del Siglo XIX, que fue recuperada y restaurada por la propia la Hermandad Sacramental. Otro retablo es el de la Inmaculada, en madera pintada, rematado por San Pancracio.

En el brazo del crucero podemos encontrar las imágenes de Nuestro Padre Jesús Nazareno y la Virgen de los Dolores, obras de José Rivera en 1942 y 1945 respectivamente, complementando el altar las imágenes de San Juan Evangelista y la Santa Mujer Verónica, que antiguamente realizaban estación de penitencia en pasos independientes cada madrugada del Viernes Santo. En 1955, D. Antonio Franco Garrido, párroco de Santa María Magdalena, propuso a la Junta de Gobierno la posibilidad de que la Hermandad realizara su estación de Penitencia en la madrugada del Viernes Santo (en lugar de la mañana de dicho día). La propuesta del señor párroco fue aceptada y puesta en práctica el 4 de Abril de 1956, y aquel mismo año dejó de celebrarse el Santo Sermón que desde tiempo inmemorial se realizaba en la plaza principal del pueblo.

La torre es de ladrillo y, en parte, proviene de la antigua edificación. Posee elementos toscanos en el primer cuerpo y jónicos en el segundo, rematada con sencillo y esbelto capitel. El cuerpo de campanas está decorado con cerámica de los siglos XVI y XVII, restos de antiguos derribos. Se conserva una inscripción en la que se lee que fue restaurada en 1898, por José Espina. Y en el archivo general del arzobispado constan datos de que en 1780, el maestro Vicente Falcó fundió una campana para ella. El coro que se encuentra situado detrás de la capilla es una de las obras artísticas de mayor importancia que en la actualidad se conserva de la antigua iglesia conformando un conjunto imponente realizado en 1769 por el tallista y escultor de Paradas José Victorino Casaus, obra que vino a sustituir al anterior coro de Juan de Oviedo fechado en 1600.

Obra del más puro estilo Barroco nos deja entrever por su magnificencia la importancia del templo en el aspecto musical componiéndose por una sillería de dos cuerpos en madera tallada, decorado con columnas, pinjantes y rocalla, y fascitol. Los asientos de la sillería, llamados estalos se organizan en dos niveles para las dos categorías de clérigos: las sillas altas estaban destinadas a los canónigos y las bajas a los titulares (aquellos que tienen un título eclesiástico). La sillería está jerárquicamente ordenada y siempre se encuentran uno o dos puestos de mayor tamaño y con una decoración más elaborada, que estaban reservados al abad o al obispo. Durante la Guerra Civil estuvo a punto de perderse, ya que se intentó incendiar el templo, por lo que se encuentra parcialmente deteriorado donde podemos encontrar catorce libros de coro encuadernados en piel con guardacantos de bronce de los siglos XVI y XVII, hanchones (2,08) de madera dorada del siglo XIX.

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